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ESTREÑIMIENTO

La palabra “estreñimiento” es empleada con diversos significados y la manera como se la utiliza puede diferir no solo entre los pacientes sino también entre las diferentes culturas. Un estudio realizado en Suecia reportó que un 57% de las personas, definió como estreñimiento, a la necesidad de ingerir laxantes. El 41% de las mujeres y el 21% de los hombres, entendían por estreñimiento a las deposiciones duras y al esfuerzo o dolor al defecar. En una encuesta realizada a personas mayores de 55 años, el 79% creía que era necesario una deposición diaria para gozar de buena salud.

El estreñimiento o también llamado constipación funcional crónica, es un trastorno caracterizado por una dificultad persistente para defecar o una sensación de que la defecación es aparentemente incompleta y/o movimientos intestinales cada 3 o 4 días o con menor frecuencia. La eliminación de las heces es difícil e irregular, con deposiciones sólidas y secas.

El estreñimiento, además del malestar que ocasiona, implica un elevado número de pruebas complementarias para su estudio, el uso crónico de fármacos e ingresos hospitalarios, que conllevan elevados costes, como en el Reino Unido en donde en 2006, los médicos generales emitieron más de 13 millones de recetas de laxantes.

Entre los diferentes tipos de estreñimiento se especifican, el estreñimiento con tránsito colónico lento, el estreñimiento funcional, el síndrome de colon irritable con predominio de estreñimiento y por disfunción del suelo pélvico.

El estreñimiento es un síntoma gastrointestinal muy común, que afecta a cerca del 20% de la población general occidental. Su prevalencia es mayor en mujeres que en hombres, en niños más que en adultos, más en pacientes de edad avanzada, que en jóvenes y en personas no anglosajonas.

Uno de los orígenes del estreñimiento, es la predisposición genética que lo condiciona, ya que se pueden heredar los patrones de motilidad colónica, en un 60% de los casos. También se han asociado con el estreñimiento funcional los cambios en la dieta, la actividad física y el estilo de vida y disfunciones motoras primarias producidas por problemas neurológicos. El estreñimiento también puede ser secundario a un trastorno de la evacuación, por una contracción paradójica o espasmo involuntario del esfínter anal, lo que puede responder a un trastorno adquirido del comportamiento defecatorio, lo que ocurre en las dos tercios de los pacientes.

La persona que presenta estreñimiento tiene un aumento de la capacidad de absorber agua en el colon, lo que ocasiona un excesivo secado de su contenido. La distensión del recto por la presión del bolo fecal es el estímulo que inicia la defecación. La eliminación dolorosa de esta materia fecal seca, puede ser la causa del inicio del estreñimiento, ya que con el fin de evitar el dolor, la persona reacciona con una contracción paradójica del esfínter anal externo, con lo que se acumula progresivamente la materia fecal en el recto y sigmoides, que trae como consecuencia heces aún más duras, más secas y más dolor, formando un “círculo vicioso” y causando una disminución de la motilidad intestinal.

Se describen factores asociados al aumento del riesgo de presentar estreñimiento:

-El envejecimiento, aunque el estreñimiento no es una consecuencia fisiológica del envejecimiento normal.

-Estado de ánimo depresivo.

-La inactividad y el sedentarismo.

-Baja ingesta calórica.

-Bajos ingresos económicos y bajo nivel educativo.

-Efectos colaterales de fármacos.

-Ser del sexo femenino.

Ya que esta disfunción, se puede cronificar, es preciso que el médico dedique el tiempo necesario para explicar detalladamente el proceso y resolver dudas e informaciones erróneas que posea la persona. Un segundo paso es iniciar el estudio personalizado del estreñimiento, realizando una historia clínica detallada por parte del médico, con especial énfasis en los hábitos alimentarios e intestinales y un examen físico minucioso para descartar patologías asociadas.

Para su diagnóstico, se estipulan los Criterios de Roma III:

Criterios generales:

-Presencia de estreñimiento, durante por lo menos 3 meses durante un período de 6 meses.

-Por lo menos una de cada cuatro defecaciones cumplen con los criterios específicos.

-Criterios insuficientes para síndrome de colon irritable.

-No hay deposiciones, o deposiciones rara vez disminuidas de consistencia.

Criterios específicos (deben estar presentes dos o más):

-Esfuerzo para defecar.

-Materias fecales grumosas o duras.

-Sensación de evacuación incompleta.

-Sensación de bloqueo u obstrucción anorrectal.

-El individuo recurre a maniobras manuales o digitales para facilitar la defecación.

-Menos de tres defecaciones por semana.

Las medidas preventivas se asocian con la educación para la salud, que incluyen normas educativas, dietéticas, y el aprendizaje de autocuidados. Hay que empezar por resaltar que el hábito intestinal es totalmente individual; una deposición diaria puede no ser la norma de todas las personas. A partir de allí se recomienda el ejercicio físico y cambios dietéticos, que tienen como objetivo adquirir nuevos hábitos para conseguir una deposición espontánea.

Una de las medidas iniciales es aumentar la cantidad de fibra ingerida: El desayuno debe ser abundante, a base de fruta o zumo de fruta, cereales con leche o pan integral con aceite de oliva y azúcar o miel. Se deben evitar los alimentos astringentes como pan tostado, galletas, huevos duros, yogures, zanahorias, plátanos, manzanas y arroz, hasta que los síntomas remitan totalmente. También se recomienda beber abundantes líquidos (agua, zumos naturales) y vegetales durante el día y entre las comidas. Comer regularmente, masticando bien y despacio. Este tipo de alimentación rica en fibra colabora con propiciar que el recto se mantenga vacío para disminuir el tamaño de la ampolla rectal y aumentar la sensibilidad rectal a la distensión.

También se recomienda la reeducación y entrenamiento de los hábitos intestinales. Para ello resulta de interés conocer el mecanismo del reflejo gastro-cólico, que ocurre entre 15 y 20 minutos después de las comidas, que debe aprovecharse de ser posible a la misma hora cada día, para defecar, sentándose en el váter, con alguna lectura, siempre y cuando no se prolongue ésta, más de 10-15 minutos. Es importante no retrasar la defecación cuando se sienta el reflejo defecatorio.

Por otro lado, es de importancia evitar la presión familiar. Es fundamental que este tratamiento se lleve de forma relajada y tranquila, no interrogando a la persona, cada día sobre el problema.

Según recomendaciones médicas, se debe evitar el uso de laxantes y enemas habituales, ya que los laxantes tomados por iniciativa propia pueden ser perjudiciales y no ejercer el efecto deseado. El tratamiento farmacológico nunca deberá ser la solución definitiva al estreñimiento ni se utilizará de forma continuada. Solamente debe recurrirse a ellos en los primeros días o semanas de tratamiento, como ayuda puntual, incidiendo en que nunca van a ser la solución definitiva al estreñimiento.

Cuando sea necesario, suele ser suficiente con utilizar:

  • Aceite mineral, Aceite de oliva, 10 cc dos veces al día durante una semana.
  • Laxantes osmóticos, como lactulosa y lactitiol, que ablandan las heces y estimulan la motilidad intestinal. Su acción es por efecto osmótico y transformación en ácidos orgánicos. Pueden ocasionar flatulencia.
  • Laxantes salinos, como sales de magnesio y sodio, producen efecto osmótico y estimulan la motilidad intestinal. Pueden producir y desequilibrio hidro electrolítico.
  • Los enemas jabonosos no deben ser usados por su efecto irritante y la posibilidad de producir colitis hemorrágica.

En algunos casos, por su cronicidad o falta de respuesta a las medidas terapéuticas, puede ser necesario recurrir a la ayuda psicológica.

 

 

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